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Carro de combate

Consumir es un acto político.
Comentario del libro: Carro de Combate. Por: Rodrigo Rodríguez

Esta es la premisa con la que parte el libro carro de combate, libro que nació del trabajo colaborativo de reporteros independientes interesados en la manera en que se produce buena parte de los alimentos y artículos que consumimos.

Pero, Carro de Combate va más allá y cuestiona el modelo de desarrollo orientado al “crecimiento infinito” como si los recursos con los que cuenta el planeta lo fueran. El trabajo periodístico realizado es valiente y exhaustivo, ya que se enfrenta a los intereses de grandes empresas que suelen ser  muy  opacas en sus formas de operación y se ocultan terciarizando sus actividades.

Las consecuencias negativas de este modelo de producción y consumo suelen llamarse técnicamente externalidades, es decir, se presentan como fallas ocasionadas por factores externos al modelo, sin embargo, se busca poner en duda el mismo modelo de desarrollo elegido, el cual por supuesto beneficia a quienes detentan el poder económico y controlan las cadenas comerciales desde la producción, la distribución y el consumo.

El libro muestra cómo es que a las corporaciones desarrollan estrategias, que son apoyadas y suavizadas por el marketing, repiten prácticas similares a las de la esclavitud para mantener los bajos costos de producción, pero además señala como ejercen presión económica y política a productores y gobiernos  para favorecer y estimula el apetito insaciable de cosas materiales, algo a lo que Platón llamaba: Pleonexia, lo cual consideraba una enfermedad.

Los autores ( Laura Villadiego y Nazaret Castro), nos llevan a realizar un breve recorrido desde la década de los 30’s del siglo anterior, pasando por los años dorados del capitalismo (1945-1970) para llegar al momento actual del llamado neoliberalismo, con el fin de adentrarnos a conocer la lógica que guía el modelo de consumo actual.

Pero además de entender la problemática, el libro hace un aporte más y es el de mostrarnos las alternativas al consumo que hacen varias organizaciones alrededor del mundo. Nos despoja de la sensación de indefensión y muestra que es posible otro modelo de producción el cual tiene como principal motor el consumo consciente de quienes demandamos bienes y servicios.

Repitiendo lo que los autores argumentan en su libro “si el consumo es un acto político, la primera batalla es la de la información”.

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Por qué consumimos. Teoría de la emulación social- Segunda entrega-

Por: Mtro. Rodrigo Rodríguez

En la primera entrega de revisión de teorías del consumo, presentamos la teoría de la alienación de Marx respecto al consumo.

En esta entrada mostraremos otra explicación a las causas de ¿por qué consumimos tanto en las sociedades capitalistas? esto, partiendo de la Teoría de la Emulación Social.

Esta teoría buscó describir las causas del aumento del consumo en

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Foto tomada de internet con fines ilustrativos. Fuente https://www.torrelodones.es/consumo

el siglo XVIII, atribuyéndolas a la emulación (imitación) social. Emulación que se daba principalmente de las clases bajas a las clases altas, en una trayectoria de abajo hacia arriba y siempre aspirando al modelo cultural de la clase inmediata superior a la que se pertenecía.

La proximidad entre clases favorecía que la aspiración de pertenecer a la clase superior inmediata pareciera factible, dando la esperanza de movilidad social, asunto que hoy en día podría cuestionarse debido a la enorme brecha que se ha abierto entre clases sociales, es decir a la desigualdad.

Una expresión que favoreció la ventaja de ciertos sectores y países puede ser ejemplificarla en la moda y las reglas del vestir.  La moda como expresión cultural muestra estatus para quienes observan y para quienes la consumen, así, la manera de vestir puede marcar diferencias expresadas cuando se viste de traje sastre, de marcas caras o si se usa uniforme ya sea de obrero o el propio que se ofrece a la servidumbre para distinguirla.

Según esta postura teórica, las clases sociales inferiores pueden observar el consumo de bienes de clases altas y encontrar en  ello los patrones culturales deseados, esos patrones culturales enmarcados por el consumo sostenido de ciertos artículos representó el estilo de vida deseado.

La aspiración de pertenecer la clase superior inmediata parecía un móvil para garantizar o procurar la estima social y la búsqueda de estatus. Pertenecer o parecer cercano a la clase superior a que se pretendía llegar era promesa de concretar la deseada movilidad social.

Esta propuesta teórica tiene una base darwinista que asume una visión evolutiva, donde las clases sociales superiores tienen estilos de vida deseables para la sociedad.

Dicha teoría además, se relaciona con la “teoría de la clase ociosa” (Veblen) la cual busca explicar que no siempre se prefiere comprar a precios menores y que se puede elegir comprar a precios mayores por emulación, de tal manera que cuando se baja el precio bajan también la demanda, postulado que es contrario a la teoría de precios.

Según expresa la teoría, mientras más caros son los “trofeos” u propiedades que se muestran, mayor será el prestigio, estatus, hazañas individuales y la estima que se tiene a una persona, de alguna manera esto podría explicar la admiración rendida a ciertos empresarios, de los cuales suele decirse son “lobos” que logran trofeos por sus méritos o “astucia” personal, dichos trofeos son lugares, propiedades, estilos de vida suntuosos o relaciones personales marcadas por la predilección por altos estándares de belleza. Así mismo puede explicar por que se prefiere pagar más dinero por un producto y dejar de comprarlo si baja de precio.

El mensaje que se da es que al mostrarse lo ostentoso del consumo se demuestra que se tiene el tiempo y poder para dedicarse a tareas más nobles y honorificas “como la guerra o el gobierno” mientras un consumo con estándares inferiores se relaciona con las clases trabajadoras que deben ocuparse de tareas “más bárbaras”, como los oficios o el trabajo de producción.

Así, elevar el nivel de consumo muestra la espiración de pertenecer a clases que tienen mayor estima social. Una forma de mostrar dicha aspiración puede rastrearse a través de aquello que  se exalta en redes sociales, donde mediante la publicación del lugar al que se acude, el medio de transporte que utiliza, el tipo de alimentos que se toma, los lugares en que se vacaciona, los productos que se adquiere, etc, se pretende demostrar que se mantiene un estatus de consumo superior o suntuoso, lo cual  podría explicar que la aspiración por un “nivel cultural” superior pasa por consumir de la misma manera que aquellos.

Consumir tanto, se entenderá entonces como un esfuerzo por acumular bienes (insignias), mantener el estatus de consumo y por tanto la aspiración de movilidad a la clase superior inmediata. Esta visión pasa por considerar la riqueza como fuente de refinamiento (lo cual se atribuye a las clases altas), pero deja de lado la desigualdad.

La teoría se complejiza con las críticas y las propuestas explicativas que se van acercando a las motivaciones de consumo, pero también acumula críticas.

Entre las críticas a la teoría, encontramos la acusación de ser una “explicación limitada” ya que se dice que el consumo se debe a muchas otras cosas además de la emulación.

Otra crítica se centra en que no es posible determinar el valor simbólico de todos los consumidores, ya que cada uno tendrá para los bienes adquiridos significados distintos.

Sumando a estas críticas, se plantea que mientras se complejizan los grupos sociales y sus expresiones culturales no hay certeza de a qué grupo social nos referimos o a cuál se quiere emular, es decir que aun en estratos de vida con mayores niveles de consumo la diversidad de expresiones culturales es enorme, por tanto ¿a cuál grupo o estilo de vida se emularía?

Por último, se puede observar que las clases altas también buscan determinados momentos y productos de consumo para emular a clases inferiores, así se presentó en clases altas la moda de vestir ropa de campesino, de obreros y de personas que habitan en barrios bajos, de acudir a sitios o espectáculos menos refinados, etc. Más ejemplos de emulación de estratos altos a estratos bajos podrían ser: el consumo de bebidas menos sofisticadas o destilados de menor precio como el mezcal, el pulque o algunas otras bebidas, la sustitución de artefactos especializados por sustitutos reciclados, o de reúso entre otras formas.

De cualquier manera, la teoría es una apuesta explicativa que puede ser utilizada hoy en día en ciertos casos y pone puntos de partida para desenmarañar el consumo.

Obras consultadas:

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Por qué consumimos. Marx y la alienación del consumo. – Primer entrega-

Por: Mtro. Rodrigo Rguez

“La pregunta correcta no es ¿por qué consumimos? sino ¿por qué consumimos tanto en las sociedades capitalistas?”

                                                                                                        John Storey

¿Por qué consumimos? Esta es la pregunta que de entrada lanza John Storey pero que de inmediato previene que es tramposa, ya que podría alcanzar una respuesta fácil y rápida: “consumimos para vivir”, a cambio de aquella pregunta se plantea: “¿por qué consumimos tanto en las sociedades capitalistas?”

La pregunta así complejiza y John Storey lanza en su respuesta tres hipótesis que se revisan en el libro Theories Of Consumption, el cual se puede encontrar en inglés editado por Routledge en el Reyno Unido.

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Imagén con fines ilustrativos tomada de laotramiradasur.com.ar

Encontré esta lectura por recomendación y me permitió entrar en una discusión contemporánea sobre el consumo en general visto desde la antropología y la sociología. A mi parecer, la lectura brinda consistentes explicaciones, así que decidí compartirla a otros lectores.

Tratando de hacer un ejercicio de divulgación, dividiré su revisión en varias entregas, abordando en esta primera La Teoría de la Alienación Social de Karl Marx.

La teoría de la alienación social de Karl Marx

Marx centró sus explicaciones más en la producción que en el consumo, sobre todo en las estructuras capitalistas que promueven trabajo alienado, sin embargo, con esto abría la puerta para mostrar que la alienación promueve el consumo en las sociedades capitalistas.

En sus trabajos abordando la alienación, mostraba cinco tipos distintos (Sossa Rojas, 2010): Religiosa, Filosófica, Social, Política, y finalmente Económica o del trabajo, está última sería la causa de las anteriores, ya que en ella no se considera a los individuos ni sus intereses colectivos, sino solamente a las leyes de elaboración de mercancías.

En el proceso de producción el trabajador deja de ser una persona y se convierte en una mercancía que llamamos “fuerza de trabajo”. El trabajo pierde su capacidad de realizar por completo las capacidades humanas convirtiéndose en trabajo alienado.

Esto sucede porque el ser humano es el animal racional que puede transformar y atender sus necesidades y con ello sus formas de producción, así que los modos de producción están siempre en relación el momento histórico, no son aislados.

El trabajo creativo permite al hombre “exteriorizarse en el mundo”, no producimos sólo bienes y servicios, producimos situaciones e historias. Cuando la fuerza de trabajo se convierte en otra mercancía que es pagada por un tercero, aquello que produce el trabajador deja de tener sentido para él mismo y por tanto produce objetos (mercancías) alienados. El trabajo como mercancía para producir más mercancías.

El producto alienado deja de representar al trabajador, le es ajeno y en ocasiones se vuelca en su contra, se ha producido una mercancía que, aunque fue elaborada por el trabajador, no podrá ser utilizada o adquirida por este sino cuenta con dinero para pagarla. Se produce ropa que no podrá usar, alimentos que no podrá comer, condominios que no podrá habitar, etc.

Los humanos convertidos en mercancías serán evaluados por lo que producen y por lo que consumen. El trabajo alienado despoja al ser humano de la capacidad de autodeterminación, se reduce a una actividad lucrativa, aquello que produce no se relaciona con el hombre, incluso puede ir en sentido contrario.  Esta distinción está dada en el valor de uso y valor de cambio, destacando que los productos realizados adquieren relevancia por su valor de cambio y por tanto por su capacidad para producir dinero extra (plusvalía) para quienes son dueños de los medios de producción.

El ser humano no cuenta ya con el trabajo (producción) como vinculo para exteriorizarse en el mundo, por lo tanto, le queda adquirir mercancías (entre ellas dinero).  El trabajo alienado no permite al trabajador encontrar su identidad humana, por lo que ahora le ofrece esta posibilidad los patrones de consumo que pueda pagar.

Esta disertación permite al autor llegar una primera explicación, consumimos tanto en las sociedades capitalistas, porque el consumo es una manifestación de ser en el mundo, los patrones de consumo otorgan “libertad” para definirse en el mundo.

La adquisición y acumulación de mercancías es consecuencia del trabajo alienado, dicho en palabras de Storey “la alienación ayuda a producir el consumo”.

Materiales consultados:

Storey, John. 2017. THEORIES OF CONSUMPTION. Routledge, UK.

Sossa Rojas, Alexis LA ALIENACIÓN EN MARX: EL CUERPO COMO DIMENSIÓN DE UTILIDAD Revista de Ciencias Sociales (Cl), núm. 25, 2010, pp. 37-55, Universidad Arturo Prat Tarapacá, Chile

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Economía Solidaria: local y diversa

Por: Rodrigo Rodríguez

Tuve la fortuna de conocer a la Dra. Laura Collin durante el 1er Encuentro Nacional de Agricultura de Responsabilidad Compartida, de la red Urgenci Latinoamérica, que se realizó en Morelia y Patzcuaro Michoacán en México del 6 al 8 de julio 2017.

Dra. Laura Collin

Dra. Laura Collin, julio 2017                      Foto: Rodrigo Rguez

Durante el encuentro pude escucharla y participar en un taller que coordinara explicando la construcción de mercados locales. Aprendizaje que agradezco por la oportunidad de compartir de cerca con varias organizaciones que creen en la economía solidaria para la creación de canales de intercambio, y en la adquisición de compromiso entre productores agrícolas y mercados alternativos.

Debo confesar, sin embargo, que el encuentro representó un descubrimiento personal, ante la diversidad de formas asociativas adoptadas y la satisfacción de saberme acompañado mientras yo mismo acompaño propuestas similares. Quedó claro en el encuentro que dichas propuestas están en construcción, pero que ya están haciendo aquello que se ve como futuro deseado, haciendo lo posible, lo que llamamos utopía, que como acertadamente lo dice la Dra. Collin, se concreta  mediante: “Prácticas pre figurativas, que construyen nuevas relaciones sociales, aun en el seno del capitalismo, donde emergen nuevas subjetividades y conductas reformuladas” (Collin Harguindeguy, 2014, p. 137).

libro Dra. Collin

Portada de libro. Economía Solidaria: local y diversa

Después de compartir en ese grupo,  el libro de la Dra. Collin,  Economía Solidaria: Local y diversa, se convirtió en lectura obligada para mí.

En el libro se puede entender la necesidad de una nueva forma económica ante la crisis civilizatoria que trastocó los procesos económicos de la atención de necesidades a la acumulación como propósito. Los intentos por una nueva economía y por una nueva manera de relacionarnos no son pocos, pero lograrán ser verdaderamente relevantes cuando esta nueva economía pueda reproducirse a sí misma de manera autónoma sin recurrir al capitalismo.

Propone sacar el dinero del centro de todas las relaciones, despojar a la economía del trono que ha tomado como la única poseedora de verdad, la cual dicta que aquella actividad que no se destina al lucro o a la toma de ventajas es irracionalidad. Voltear a ver otras racionalidades, una racionalidad distinta que valora y prioriza diferente.

No se trata de crear formas asociativas que disfrazan viejas prácticas en torno a un “capitalismo suave”, sino  ir a la medula del mismo y ser coherente con ir contra el consumismo, sin que necesariamente nos enarbolemos en  las grandes banderas ideológicas, pero con sí con un profundo rechazo por aquello que va en contra de la vida, del reconocimiento del otro, de la extinción de lo convivial.

Recuperar nuestras capacidades productivas, entrar en mercados locales, localizados, que existen con personas con nombre y apellido y que no se pierden en el anonimato del lenguaje de expertos  que hacen parecer que los mercados son autónomos sin intereses de por medio.

Es menester generar mercados incluyentes que valoren la cualidad, y la calidad de largo tiempo, tanto en los bienes y servicios como en quienes los proporcionan. Mercados que consumen menos energía y proporcionan más trabajo.

En buena medida el mercado debe cambiar desde la demanda, es decir, desde la satisfacción de necesidades y no desde la oferta que necesita necesariamente de la compulsión de consumir.

Hay una pista a manera de consigna: “producir más, comprar menos consumir mejor”

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Parte de los asistentes al 1er Encuentro Nacional de Agricultura de Responsabilidad Compartida. Michocán, México, 2017

El libro es analítico, no se queda en las respuestas fáciles desde lo deseado, se interesa por los datos, por el contraste empírico. Pero además, es  propositivo, con ejemplos claros y cercanos, con preguntas sugerentes que retan al lector. Es una invitación a cuestionarse, pero a ir construyendo aún en la duda, sin esperar el mapa completo, a ser sujeto, actor de cambio y no ceñirse a la contemplación.

 

 

Collin Harguindeguy, L. (2014). Economía solidaria: local y diversa. Tlaxcala, México El Colegio de Tlaxcala.

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Estrategias rurales de reproducción Social. La Agroindustrialidad y la campesinidad de una organización en Jalisco, México

Por: Mtro. Rodrigo Rodríguez

El libro del Dr. Manuel Antonio Espinosa, nos presenta una tensión constante entre dos cosmovisiones del campo. Por un lado tenemos aquella llamada campesina y por otra la llamada agroindustrial, promovida por la visón de desarrollo derivada de la revolución verde.

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Portada del libro del Dr. Manuel Antonio Espinosa

Tensión a la cual sólo es posible sobrevivir adoptando estrategias que permiten a los pobladores del campo adaptarse a tales condiciones.

Lo que sucede en Cuquio y en Ocotic, más específicamente, es reflejo de lo que los procesos sociales promovidos por la visión economicista neoliberal, voraz y  depredadora de aquello que no se ajusta a la lógica del consumo y el acaparamiento.

A través de los 6 capítulos en los que está divido el libro y que muestra la investigación realizada durante dos años con cercanía a los procesos y actores locales, el Dr. Espinoza muestra una crítica a la visión de desarrollo promovida por las acciones estatales y en concreto a las políticas de desarrollo rural que de ahí se derivan.

La “modernización” del campo, entendida como tecnificación y con orientación al mercado excedentario no logra del todo implantarse, una vez que no se ve acompañada de condiciones materiales, de infraestructura social, de política adecuadas a los pequeños productores y de acciones que pudieran orientarse a la independencia de insumos sintéticos para la producción.

Los pobladores del campo, en concreto de los que nos muestra el Dr. Espinosa, se ven envueltos en una red tejida entre una lógica de autosuficiencia y autoconsumo y los estímulos económicos de los programas sociales que tienden al subsidio y la dependencia.

La modernización como promesa al campo, que llega acompañada por décadas de extensionistas, sustitución de energéticos por aquellos fósiles, esquemas de comercialización orientados a la  venta a gran escala y fuera del comercio local, pautas de consumo con orientación en el marketing y el monocultivo como esquema productivo, conforman un modelo de civilización montado en la espera del “desarrollo, bienestar y progreso” que no acaban de llegar.

Dos temas centrales son tocados en el libro, temas que han ocupado cada vez mayor investigación y atención: la crítica al llamado “desarrollo” y el enfoque agroecológico en los sistemas agroalimentarios.

El estudio presentado, muestra dos brazos de la visión agroindustrial: el negocio a gran escala de las transnacionales representado en la producción de insumos para el campo y de los propios alimentos; y el acaparamiento y distribución de los mismos por cadenas multinacionales que dominan los precios y en buena medida los hábitos de consumo.

Atrapados en esta telaraña que representa dos cosmovisiones diametralmente distintas, los pobladores del campo adoptan medidas y acciones que respetan y reproducen prácticas campesinas tradicionales y acciones que demanda la modernización prometida, a la que se suman sin resultado satisfactorios.

La promesa de modernización, requiere de un proceso de descampesinización del espacio rural, una lógica extractivista, un consumo energético desmedido con altos costos sociales y medioambientales, los cuales son llamados eufemísticamente como externalidades.

El campo no es el mismo que aquel que la revolución verde dimensionó. Encontramos ahora una pluriactividad que combina la producción agrícola en el cuamil y el traspatio, con intentos de monocultivo en un número reducido de hectáreas, pero además con actividades industriales, emprendimientos económicos de manufactura, o venta y distribución de productos. Empleos de tiempo parcial, y la recepción de remesas.

Sus pobladores también han cambiado, un despoblamiento del  espacio rural hacia la búsqueda de oportunidades en las urbes o el tránsito a los Estados Unidos se vuelve la constante ante la realidad de pocas opciones de empleo tras la escolarización que alcanza apenas los primeros niveles.

A pesar de la historia de participación social de Cuquio. La investigación retrata un desencanto y añoranza por la toma de decisiones en colectivo. La participación organizada alcanza apenas la gestión de recursos a través del crédito o subsidios sociales, pero se vuelca a la aplicación de los mismos para la resolución de necesidades inmediatas.

Según da cuenta el autor del libro, se sigue la receta propia de la modernización, varias veces y en distintos sectores, pero nunca alcanza los resultados prometidos.

La propuesta adoptada por agroecología supera los linderos de los resultados medidos por el crecimiento económico. Va más allá del optimismo tecnológico que se desmarca de los procesos de reproducción social.

La propuesta alternativa de desarrollo que se dibuja incluye i) diversas de prácticas y discursos en torno a la modernidad, ii) la generación de condiciones estructurales y materiales que permitan el acceso a un satisfactor específico y iii) la construcción de la capacidad de agencia de los involucrados. Agencia que implica la posibilidad de debatir, discernir y reorientar el desarrollo como libertad.

No es por demás decir, que el recorrido gráfico que aporta la selección de fotografías incluidas en el libro y que son autoría del mismo investigador, facilita y enriquece la comprensión del proceso y resultados de investigación que ahora se nos presenta.

 

Libro:

Espinosa, M. A. (2017). Estrategias de Reproducción Social. La agroindustrialidad y la campesinidad de una organización en Jalisco, México Guadalajara, México Universidad de Guadalajara.

Nota: Presentación realizada en el Auditorio Adalberto Navarro del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) Campus La Normal el 17 de Agosto 2017. Como parte de las actividades de la Maestría en Gestión y Desarrollo Social.

 

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Arrepentirse de ser madre

Por: Mtro. Rodrigo Rodríguez Guerrero

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El arrepentimiento, es un sentimiento que parece no tener cabida cuando de mantener el orden social se trata. Mucho menos cuando éste tiene que ver con la maternidad.

Se espera de todas las mujeres que tengan el deseo instintivo de ser madres y además de que lo hagan bien, es decir que cumplan el rol natural  y “normal” de la maternidad.

¿Pero hay madres que se arrepientan de serlo? La socióloga israelí Orna Donath, se encuentra en su estudio, con mujeres que abiertamente aceptan que convertirse en madres no fue lo mejor que les pudo pasar.

Estas mujeres tienen que enfrentar el mandato social de sumarse a la norma, de aceptar en público que la maternidad es una situación deseable pese a todas las calamidades de tener un trabajo de tiempo completo, y el cual, las obliga a renunciar a sus deseos e intereses personales.

Dichas madres son tratadas de egoístas, de anormales, de “confundidas”,  y se les presiona diciéndoles  que “ya pasará” “que al final descubrirán que “es lo mejor que les pudo suceder”, que “su esfuerzo valdrá la pena”, pero cuando en su libro muestra madres de  distintos niveles socioeconómicos, nacionalidades y edades (de ellas y sus hijos), muestra que el arrepentimiento es un sentimiento que puede perdurar a lo largo de la vida.

Pero no hay que confundirse, no es falta de amor a los hijos, ni fantasías de hacerles daño, es la posibilidad de verse en un presente sin la obligación de criar a un hijo y además de tener que “hacerlo bien”.

Dichas madres suelen esconder este sentimiento para sus adentros o mostrarlo sólo en las sesiones de terapia, ya que no pueden expresarlo a las parejas, a otros familiares, o incluso a otras madres sin ser juzgadas. La maternidad parece ser una decisión privada, pero se evalúa de forma pública.

El libro de Donath titulado Madres arrepentidas es una puerta de acceso para conocer el arrepentimiento y la ambivalencia ante la maternidad, pero además es sugerente ya que saca el tema de la academia y de su relación con características propias de las condiciones económicas, de la situación conyugal o del estado civil.

Es un libro que nos lleva a cuestionar el valor de reevaluar el pasado personal y de los dictámenes propios de una sociedad neoliberal y capitalista, basada en el espíritu del progreso y de la promesa del  logro futuro conseguido con el sacrificio presente. Evaluar el sentido utilitario y hedonista de detenerse a mirar el pasado, donde se dice que sólo tiene razón de ser si “recordamos para sentir un poco de nostalgia placentera y seguir”, o solo si miramos atrás para saber “qué hicimos mal” y buscar remediarlo.

La autora nos lleva con los datos recolectados en sus entrevistas y casos, a concebir a las madres como seres humanos y a la maternidad como una relación entre dos individuos y no como una obligación.

Sin duda un libro que debe leerse con la apertura propia de la comprensión empática.

Libros consultados:

Donath, O. (2016). Madres arrepentidas. Una mirada radical a la maternidad y sus falacias

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El mundo de los bienes. Hacia una antropología del consumo. (Reseña del libro)

Por: Rodrigo Rodríguez

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Autor: Mary Douglas/ Baron Isherwood

Reseña: Rodrigo Rodríguez Guerrero

El consumo parece ser un tema de expertos en economía, o en alguno de los casos, un tema en el que solo se interesan los creadores de marketing.

Mirar las tendencias de consumo y observar sus razones e implicaciones es algo que hemos dejado solo para aquellos que se interesan en maximizar ganancias. Es decir, lo dejamos a la economía convencional.

Pero el consumo también ha sido visto por otras disciplinas, entre ellas la antropología. El libro de Douglas e Isherwoord (Douglas, 1979), es un acercamiento serio y fundamentado a la antropología del consumo. En él se busca dar respuesta a preguntas tales como ¿Por qué la gente necesita mercancías? O ¿por qué la gente ahorra? En sus páginas se atiende tanto a la ciencia económica como a la antropológica, buscando hacer contraste para llegar a explicaciones de puntos oscuros o “cajas negras” donde la economía ya no logra abundar.

Ciertamente el interés principal se contrasta con la microeconomía, pero de este interés se desprenden explicaciones, que buscan llevarse de las acciones de la vida social cotidiana, a las de las naciones a través de la política.

Lejos de considera al consumidor como un sujeto presa de los impulsos de consumo provocados por trucos de mercadotecnia o de una visión en la cual el consumo responde solo a necesidades que pudieran catalogarse como básicas o suntuarias, en el libro se da un giro a mirar al consumidor como un individuo consciente que hace elecciones racionales ,y bajo el lente de la antropología, se pone en marcha una serie de explicaciones sustentadas en la observación de un tiempo antropológico que incluye la perspectiva misma del individuo en su trayectoria de vida.

Las mercancías dejan de ser solo objetos que se intercambian y se miran como símbolos culturales, que mediante su circulación, permiten establecer y mantener relaciones sociales que dan sentido al mundo de vida de las personas.

El intercambio de mercancías se observa como un proceso ritual que ayuda a dar sentido al “rudimentario flujo de acontecimientos”, como los mismos autores le llaman. El consumidor presentado busca construir un universo inteligible con las mercancías que elije.

Las mercancías entonces se visualizan como medios para alcanzar objetivos y no como fines en sí mismas.

La hipótesis central del libro expone que el objetivo del consumidor es operar un sistema coherente de información mediante el uso de servicios marcados.

Así las mercancías son expuestas como medios y no como simples objetos de deseo, en palabras puntuales de los autores: “como hilos de un velo detrás del cual palpitan las relaciones sociales”.

Finalmente los autores advierten, que las mercancías solo forman el perímetro de modelo y que atención ha de centrarse en el flujo de intercambios, lo cual no será ya solo objetos o servicios por moneda.

El libro que en su momento fue pionero del tema, guarda una vigencia digna de leerse o retomarse no solo por interesados en las ciencias sociales, si no por todo aquel que la curiosidad lo lleve a preguntarse cosas que se normalizan en las explicaciones económicas.

Douglas, M. I., Baron (1979). El mundo de los bienes. Hacia una atropología del consumo. México, DF.: Consejo Nacional para la cultura y la artes.

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