Desarrollo Comunitario, Estudios psicosociales y psicoantropológicos, Psicología, Psicología Social, Ruralidad

De José y María a “Joseph and Mary”. Las intervenciones culturalmente apropiadas.

Wixarikas en el norte de Jalisco

“Vamos a ver como civilizamos a esas familias”, esa fue la frase que mencionó una persona con buenas intenciones al referirse a la intervención con un grupo de familias wixaritari (también llamados huicholes).

Además de sentir molestia por escucharlo, me di cuenta que no consideraba un aspecto fundamental de la intervención: la planificación debe ser culturalmente apropiada y no solo una traducción forzada(Marín, 1996).

En México y otros países tenemos no solamente a un tipo de mexicano, sino una variedad de mexicanos, en un solo estado de la republica podemos encontrar vasta variedad de grupos étnicos y contextos, que demandan cada uno comprensión de las cualidades específicas en que un fenómeno social se presenta.

Pero ¿cuál es la metodología de intervención que utilizamos y cuál es la teoría que lo sustenta?, la verdad es que aun mucha de esta sigue siendo eurocéntrica. No, no es que de entrada esté mal tener un punto de referencia, de hecho es necesario, lo que está mal es pensar que la sola “adaptación de las técnicas” da como resultado conseguir buenos resultados.

En el caso de la psicología social además del eurocentrismo encontramos que la intervención social tiene un origen en América del Norte, especialmente en los Estados Unidos. Gran parte de los aportes latinoamericanos son disminuidos o simplemente desconocidos. Un ejemplo de lo anterior es el uso del barbarismo “empoderamiento”, como traducción del anglicismo “empowerment”, los psicólogos latinoamericanos y en general en las ciencias sociales lo hemos adoptado sin considerar, como lo critica la psicóloga social venezolana Maritza Montero, que varias de las acciones contenidas en el concepto se realizan en Latinoamérica desde hace más de tres décadas(Montero, 2004).

Niñas wixaritari

Niñas wixaritari

El resultado de esto es que las intervenciones que no tienen un diseño culturalmente apropiado, solo logran dilapidar esfuerzos y recursos, otorgando pobres resultados.

Ejemplos de esto lo podemos encontrar en campañas dirigidas a fortalecer la familia (tradicional) en grupos étnicos con prácticas culturales distintas. Otro ejemplo, es el diseño e implementación de campañas para prevenir en alcoholismo en jóvenes, utilizando un lenguaje y código de comunicación adultocéntrico. Un ejemplo más es la puesta en marcha de programas para atender a las mujeres sin considera el rol de poder que tienen dentro de un núcleo familiar y social en concreto.

Es decir, las buenas intenciones no bastan, y las malas traducciones estorban.

Saludos!

Rodrigo Rodriguez

Sigamos en contacto

Sigamos en contacto

 

 

 

 

 

 

 

Bibligrafía

Marín, G. (1996). Consideraciones necesarias en el diseño de intervenciones culturalmente apropiadas en la promoción de la salud. In C. San Juan Guillen (Ed.), Intervención psicosocial (Primera ed., pp. 36- 45). Barcelona, España-: Anthropos.

Montero, M. (2004). El fortalecimiento en la comunidad, sus dificultades y alcances. Psychosocial Intervention, 13 No. 1, 5-19.

Estándar
Desarrollo Comunitario, Psicología Social

El enfoque de necesidades desde una propuesta de psicología social comunitaria

El enfoque de necesidades en las ciencias sociales en general y en particular en la psicología social,  es un tema central para el abordaje metodológico de las mismas.

Esta entrega presenta desde la propuesta  de Maritza Montero el abordaje de la indetificación de necesidades con una visión desde la psicología social comunitaria.

Maritza Montero,  encuentra como una de las tareas de la psicología social comunitaria, la identificación de necesidades (Montero, 2002)

Define la identificación de necesidades como

“el conjunto de  actividades  grupales, colectivas, de carácter participativo, mediante las cuales se busca  que una comunidad o grupo señale aspectos  de su vida común en tanto que tal,  que sienten como insatisfactorios, inaceptables, problemáticos, perturbadores, limitantes o imposibilitantes, de tal manera que ellos  impiden  alcanzar un modo de vida  diferente que se percibe como mejor y al cual aspira.” (Montero, 2002: 242)

De aquí podemos tomar algunas consideraciones.  La identificación de necesidades requiere de un actor externo al mismo grupo o que actué como tal en un acto metacognitivo y apoye en la reflexión de cuáles son las necesidades que el grupo identifica.  Cabe señalar que si bien este punto de apoyo es necesario en cuanto logra enfocar el tema, no es suficiente ya que al no posicionar esa reflexión en el sentir común se crea una dependencia de acciones en torno a la reflexión del líder y su retirada o desgaste mermará las acciones emprendidas por el  grupo.

Observamos también que hay una oposición entre necesidades sentidas y necesidades sabidas. Saber no es suficiente para tomar acciones tendientes a cambiar una situación. Es precisamente el vínculo entre saber y emoción que convierte a las necesidades en punto de apoyo al cambio social, es decir que coloca a las necesidades como movilizadoras de energía social.

Las necesidades se forman en los aspectos de  vida en común, de tal manera que trascienden el plano individual y lo sitúan en el social.  Cada grupo o comunidad forma un ideal de lo que significa un “modo de vida mejor”, pero difícilmente se percibe en solitario ya que involucra al grupo más cercano al individuo y lo relaciona con su contexto. Así, la superación de aspectos problemáticos, inaceptables, perturbadores, limitantes o imposibilitantes se da en colectivo y mediando el deseo individual con la carencia compartida.

La identificación de necesidades en este enfoque es más de  carácter emocional que  cognoscitivo, ya que sólo al ser cargado el saber de la emoción encuentra el vinculo que le da dirección  y sentido, es decir la necesidad se vuelve movilizadora de energía social.   De tal manera que sólo lograr identificar la necesidad no la convierte en motivo de transformación social. El saber del grupo o comunidad cargado de la emoción que éste genera, es lo que posibilita el surgimiento de acciones que se consideran relevantes y facilita su prioridad en la vida comunitaria.

Con respecto a los agentes externos, se debe señalar que si bien pueden servir de apoyo para nombrar la necesidad, solamente sí ésta logra ubicarse en el sentir de las comunidades, es que podrá ser verdadera movilizadora de recursos y  sostenerse el tiempo necesario para transformar tal o cual situación.

Esta postura presenta tres tipo de necesidades: Las normativas o inferidas, que son dictadas por expertos en función de criterios técnicos;  las sentidas,  o aquellas que las personas expresan ya sea nombrándolas o por otros medios de acuerdo al grado de conciencia que se tenga de las mismas; y las comparadas,  las que surgen por oposición entre quienes tienen esas necesidades cubiertas  y quienes no tienen cubiertas ciertas necesidades.

Podríamos entonces esquematizar está visión de la psicología social comunitaria de la siguiente forma:

Hay un plano objetivo y uno subjetivo de la necesidad, a este plano objetivo se liga la noción de necesidad sentida, idea ligada en este caso a la carga emocional que el sentimiento genera.  En el plano subjetivo se liga la noción de necesidad sabida, idea que se liga con que el conocimiento es parcializado y sólo nombrarlo puede dar la “visión de expertos”, pero no cargarlo de el componente emocional que movilice acciones tendientes a modificar el plano objetivo que genera la necesidad.

Por otra parte se presenta un plano social y uno individual. El plano individual esta ligado al deseo que en su extremo puede presentarse de forma inconsciente, en oposición el plano social, se liga a la carencia como aspectos de la vida en común que dificultan o entorpecen llegar a “un modo de vida mejor” y éste necesariamente se presenta de manera consciente.

Podríamos concluir en Montero, que la necesidad como movilizadora de energía social tendiente a la transformación,  se presenta idealmente en el plano objetivo, contiene una carga emocional derivada del sentir, se presenta en el plano social como resultado de una carencia y se puede identificar de manera consciente. Ver figura 1.

@roldrigo

Bibliografía consultada

Montero, M. (2002). Procesos de influencia social consciente e inconsciente en el trabajo psicosocial comunitario: La dialéctica entre mayorías y minorías activas. Psicología social comunitaria. Teoría, metodo y experiencia (Primera ed., pp. 239- 257). Guadalajara, México: Universidad de Guadalajara.

Estándar