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El mundo de los bienes. Hacia una antropología del consumo. (Reseña del libro)

Por: Rodrigo Rodríguez

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Autor: Mary Douglas/ Baron Isherwood

Reseña: Rodrigo Rodríguez Guerrero

El consumo parece ser un tema de expertos en economía, o en alguno de los casos, un tema en el que solo se interesan los creadores de marketing.

Mirar las tendencias de consumo y observar sus razones e implicaciones es algo que hemos dejado solo para aquellos que se interesan en maximizar ganancias. Es decir, lo dejamos a la economía convencional.

Pero el consumo también ha sido visto por otras disciplinas, entre ellas la antropología. El libro de Douglas e Isherwoord (Douglas, 1979), es un acercamiento serio y fundamentado a la antropología del consumo. En él se busca dar respuesta a preguntas tales como ¿Por qué la gente necesita mercancías? O ¿por qué la gente ahorra? En sus páginas se atiende tanto a la ciencia económica como a la antropológica, buscando hacer contraste para llegar a explicaciones de puntos oscuros o “cajas negras” donde la economía ya no logra abundar.

Ciertamente el interés principal se contrasta con la microeconomía, pero de este interés se desprenden explicaciones, que buscan llevarse de las acciones de la vida social cotidiana, a las de las naciones a través de la política.

Lejos de considera al consumidor como un sujeto presa de los impulsos de consumo provocados por trucos de mercadotecnia o de una visión en la cual el consumo responde solo a necesidades que pudieran catalogarse como básicas o suntuarias, en el libro se da un giro a mirar al consumidor como un individuo consciente que hace elecciones racionales ,y bajo el lente de la antropología, se pone en marcha una serie de explicaciones sustentadas en la observación de un tiempo antropológico que incluye la perspectiva misma del individuo en su trayectoria de vida.

Las mercancías dejan de ser solo objetos que se intercambian y se miran como símbolos culturales, que mediante su circulación, permiten establecer y mantener relaciones sociales que dan sentido al mundo de vida de las personas.

El intercambio de mercancías se observa como un proceso ritual que ayuda a dar sentido al “rudimentario flujo de acontecimientos”, como los mismos autores le llaman. El consumidor presentado busca construir un universo inteligible con las mercancías que elije.

Las mercancías entonces se visualizan como medios para alcanzar objetivos y no como fines en sí mismas.

La hipótesis central del libro expone que el objetivo del consumidor es operar un sistema coherente de información mediante el uso de servicios marcados.

Así las mercancías son expuestas como medios y no como simples objetos de deseo, en palabras puntuales de los autores: “como hilos de un velo detrás del cual palpitan las relaciones sociales”.

Finalmente los autores advierten, que las mercancías solo forman el perímetro de modelo y que atención ha de centrarse en el flujo de intercambios, lo cual no será ya solo objetos o servicios por moneda.

El libro que en su momento fue pionero del tema, guarda una vigencia digna de leerse o retomarse no solo por interesados en las ciencias sociales, si no por todo aquel que la curiosidad lo lleve a preguntarse cosas que se normalizan en las explicaciones económicas.

Douglas, M. I., Baron (1979). El mundo de los bienes. Hacia una atropología del consumo. México, DF.: Consejo Nacional para la cultura y la artes.

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Desarrollo Comunitario, Estudios psicosociales y psicoantropológicos, Ruralidad

A propósito de cómo sobreviven los marginados

Por: Rodrigo Rodríguez

Mientras leía el libro Cómo sobreviven los marginados (De Lomnitz, 1975)  pensé en cuantas «Privada del Cóndor» quedan anotados en la lista de pendientes de esa bitácora de viaje, no solo de la mía, sino de tantos que en los caminos  se reconocen.

Sin duda, los que tienen los necesarios hábitos del antropólogo (conversación placentera, buena pluma y  buen uso de los ojos), estarán de acuerdo, y podrán afirmar con mejores argumentos que el que ahora escribe, que este libro escrito en los 70’s  está brillantemente narrado,  con una calidad de observación que permite viajar a «ese México y ese tiempo».  Los otros, los más, al tropezar o redescubrir el texto quedaran encantados con la manera en que se concibió.

Pero hay otros tantos que no desconocerán el paisaje de Privada del Cóndor. Cuando en los 70´s se escribía el  libro, México pasaba del abandono a las promesas del campo, al sueño prometido de la urbanización y sus posibilidades. Posibilidades para quienes se convirtieron en protagonistas de historias que muchos tantos comentaron en el aula o el café. Cómo decir que el titulo  no es bastante sugerente, mirar y comprender como hacen «ellos para sobrevivir».

Las ciudades se convertían en tierras prometidas donde por fin quedaba detrás el desempleo, el hambre, la falta de oportunidades. Tierras prometidas a las que se llegaba aceptando la mano del  que fuera compañero de juegos en la niñez y que había sabido encontrar la vereda de salida de la tan (quien sabe porque) querida tierra sin esperanzas. Le pasaba al Distrito Federal y le pasaba a paso menos acelerado pero no menos firme a la ciudad de Guadalajara.

Hoy por hoy existen otros tantos marginados. El consejo Nacional de Evaluación (CONEVAL) pondría la atención en una pobreza multidimensional, el Consejo Nacional de Población  (CONAPO) nos llamaría a ver la marginación y el índice de desarrollo humano. Pero los marginados, tercos, siguen ahí.

El texto al que me refiero es muy claro, nos deja ver las distintas formas de enfrentar la marginación de aquellos días. El compadrazgo, hacer olla común, compartir los saberes, los prestamos sin fines lucrativos, tender la mano al que no conoce «ese otro México» el que habitan los que aparentemente no son marginados.

Y encontramos linea a línea la respuesta los marginados sobreviven  «gracias a una organización social sui generis, en que la falta de seguridad económica se compensa mediante redes de intercambio reciproco de bienes y servicios» según la tesis que la autora sostiene.

Queda un hueco en estas redes, la participación social y política. Alrededor de  30 años después de publicado el citado libro, el DF tendría la primer Ley de Desarrollo Social, sin embargo no bastaría para que la participación social se presente.

El aprehendizaje de Lomnitz esta plasmado en este libro. Los marginados aun siguen aquí  y el efecto multiplicador va llamando(nos) a engrosar las números. Las redes de intercambio siguen existiendo, pero México (Privada del Cóndor) ya no es el mismo, las redes ya no pueden ser las misas, ahora hay otras tareas y otros tantos pendientes.

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Si algo ha mantenido de pie a este México, son las redes surgidas de la solidaridad cuando se sabe rebasado lo que  otros pueden ofrecernos. Tristemente los casos son emblemáticos: el ´85 en México, el 22 de abril en Guadalajara, entre otros tantos ejemplos.  Aun nos falta reconocer las redes que podemos formar, redes de participación, de información,  económicas, políticas, de seguridad, de aprendizaje. Aun más reconocer no solo significa saber que existen, sino  hacer fuertes aquellas que nos atañen.

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