A proposito de cómo sobreviven los marginados

Mientras leía el libro Cómo sobreviven los marginados (De Lomnitz, 1975)  pensé en cuantas “Privada del Cóndor” quedan anotados en la lista de pendientes de esa bitácora de viaje, no solo de la mía, sino de tantos que en los caminos  se reconocen.

Sin duda, los que tienen los necesarios hábitos del antropólogo (conversación placentera, buena pluma y  buen uso de los ojos), estarán de acuerdo y podrán afirmar con mejores argumentos que el que ahora escribe que este libro escrito en los 70’s  está brillantemente narrado,  con una calidad de observación que permite viajar a “ese México y ese tiempo”.  Los otros, los más, al tropezar o redescubrir el texto quedaran encantados con la manera en que se concibió.

Pero hay otros tantos que no desconocerán el paisaje de Privada del Cóndor. Cuando en los 70´s se escribía el  libro, México pasaba del abandono a las promesas del campo, al sueño prometido de la urbanización y sus posibilidades. Posibilidades para quienes se convirtieron en protagonistas de historias que muchos tantos comentaron en el aula o el café. Cómo decir que el titulo  no es bastante sugerente, mirar y comprender como hacen “ellos para sobrevivir”.

Las ciudades se convertían en tierras prometidas donde por fin quedaba detrás el desempleo, el hambre, la falta de oportunidades. Tierras prometidas a las que se llegaba aceptando la mano del  que fuera compañero de juegos en la niñez y que había sabido encontrar la vereda de salida de la tan (quien sabe porque) querida tierra sin esperanzas. Le pasaba al Distrito Federal y le pasaba a paso menos acelerado pero no menos firme a la ciudad de Guadalajara.

Hoy por hoy existen otros tantos marginados. El consejo Nacional de Evaluación (CONEVAL) pondría la atención en una pobreza multidimensional, el Consejo Nacional de Población  (CONAPO) nos llamaría a ver la marginación y el índice de desarrollo humano. Pero los marginados, tercos, siguen ahí.

El texto al que me refiero es muy claro, nos deja ver las distintas formas de enfrentar la marginación de aquellos días. El compadrazgo, hacer olla común, compartir los saberes, los prestamos sin fines lucrativos, tender la mano al que no conoce “ese otro México” el que habitan los que aparentemente no son marginados.

Y encontramos line a línea la respuesta los marginados sobreviven  “gracias a una organización social sui generis, en que la falta de seguridad económica se compensamediante redes de intercambio reciproco de bienes y servicios” según la tesis que la autora sostiene.

Queda un hueco en estas redes, la participación social y política. Alrededor de  30 años después de publicado el citado libro, el DF tendría la primer Ley de Desarrollo Social, sin embargo no bastaría para que la participación social se presente.

El aprehendizaje de Lomnitz esta plasmado en este libro. Los marginados aun siguen aqui  y el efecto multiplicador va llamando(nos) a engrosar las numeros. Las redes de intercambio siguen existiendo, pero México (Privada del Cóndor) ya no es el mismo, las redes ya no pueden ser las misas, ahora hay otras tareas y otros tantos pendientes.

Si algo ha mantenido de pie a este México, son las redes surgidasde la solidaridad cuando se sabe rebasado lo que  otros pueden ofrecernos. Tristemente los casos son emblemáticos: el ´85 en México, el 22 de abril en Guadalajara, entre otros tantos ejemplos.  Aun nos falta reconocer las redes que podemos formar, redes de participación, de información,  económicas, políticas, de seguridad, de aprendizaje. Aun más reconocer no solo significa saber que existen, sino  hacer fuertes aquellas que nos atañen.

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3 Replies to “A proposito de cómo sobreviven los marginados”

  1. No he leído el libro en cuestión. Pero conozco de cerca las redes sociales que mencionas: Una de las maneras en las que las familias se agrupan (la mal llamada “familia extendida”) permite afrontar la pobreza gracias a esto. La pareja, sus hijos grandes, las parejas de éstos, los niños. Todos viviendo en un terreno que entre todos han fincado y diversificado poco a poco. La familia organizada para cumplir las tareas de crianza y alimentación y los que pueden trabajar suman sus mini-sueldos. La literatura traducida para trabajadoras sociales ha acusado a esta familia de “hacinamiento” y de ser generadora de enfermedad mental. Nada más falso. Pero esa es otra historia. La historia del nacimiento de los servivios comunitarios en la era en que el vaquero Reagan era el gobernador de California y para ganar votos y ahorrar fondos cerró hospitales psiquiátricos y aparecieron en las series de televisión (y en la calle, en la vida real) esos personajes que caminan con un carrito de súpermercado lleno de latas al que le hablan y que siempre están a punto de ser atropellados en una persecusión: los homeless.

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